Con un típico día nublado salía de Ourense siguiendo el camino de Santiago. Se podía ver a muchos peregrinos con vieiras y calabazas atadas al Bordón (bastón para ayudarte a caminar).
En un despiste mirando un cruceiro que se encontraba a un lado del sendero, había perdido de vista las flechas amarillas que indicaban el camino. Una chica se me acercó y me preguntó "Necesitas axuda?" en perfecto gallego. Claramente no la había entendido y entonces me lo repitió en castellano.
Me había preguntado si necesitaba ayuda, le expliqué que había perdido de vista la flecha para continuar la peregrinación. Al parecer ella también estaba haciendo el camino y decidimos partir rumbo hacia Pontevedra.
Durante el camino llovió un poco, pero nada del otro mundo en Galicia.
Ya en Pontevedra, descansamos en la gran Plaza da Peregrina. En uno de los pequeños restaurantes pudimos probar el típico polbo á feira o pulpo a la gallega.
Seguimos caminando un rato para encontrar algún albergue para pasar la noche.
En frente de nuestro temporal hospedaje se podían ver casas de pescadores de dos pisos características de Pontevedra.
El albergue estaba repleto de peregrinos preparando un lugar provisional donde poder dormir acomodando los bastones y las mochilas.
Alicia, mi acompañante de viaje, me contaba como este albergue se llenaba todos los años dejando claro que llevaba mucho tiempo realizando el camino de Santiago.
Ya por la mañana, después de desayunar y de pedir amablemente que nos sellaran el credencial, mientras caminábamos hacia la salida para A Coruña, decidimos visitar un poco de Pontevedra, pasando por delante de la Iglesia de San Francisco y del museo de Pontevedra, llegando a la avenida de Buenos Aires para continuar el camino.
Siguiendo el sendero Alicia me enseñó unas cuántas palabras en gallego sólo "por si acaso"
Ahora sé decir hola que sería "ola" y más frases auxiliares por si me veía apurada, por ejemplo "que querer dicir?" o "no entendo" , "síntoo" que es perdona y también "como se chama iso en galego?" es bastante intuitivo pero con mi nefasta pronunciación debería practicar más.
Durante esta parte del camino nos dio un antojo para comer, mirando el reloj, se acercaba la hora del almuerzo. Pasábamos por un pequeño pueblo, y decidimos dejar atrás el camino mientras continuábamos por las calles empedradas. En una pequeña venta pudimos probar el pan de millo y el de centeno típico de Galicia.
Alicia me explicó que el pan en sí, era muy típico de la comunidad variando en cada zona al igual que su nombre que lo llamaban "bola" o "molete" entre otros.
Alicia conversaba con la señora en gallego, por lo poco que entendí, estaban hablando de la cantidad de panes y del camino de Santiago. La señora me miró y nos dio unos panes calientes envueltos en un paño. Nos advirtió, esta vez en castellano, que no era bueno comérselos recién hechos y que nos iban a poder durar durante gran parte del camino.
Siguiendo las flechas, poco a poco, nos acercamos a Santiago.

Con unas paradas para dormir y unos sellos en el
credencial, sobre casi el mediodía estábamos en A Coruña.
Paramos a tomar un cocido gallego en los alrededores de la Plaza España.
En la provincia cada vez era más notoria la presencia de peregrinos.
Seguimos caminando y decidimos descansar un poco y beber agua en la plaza de María Pita. Ya sólo nos falta la última etapa del camino y luego la vuelta.
Llegando a la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela, ya eran más que largas las colas para entrar a la catedral.
Después de una larga espera, pudimos visitar la catedral, entrando por el Pórtico da Gloria visitando el museo de tapices, el altar mayor y la capilla de Mondragón. Recibiendo la Compostela al mostrar el credencial.

Estaba atardeciendo cuando ya nos encontrábamos saliendo de Santiago y pasando por las famosas cristaleras de las casas de la costa.
Antes de volver a casa, pensaba en salir desde Lugo, pero Alicia se quedaba en Santiago, agradeciéndole por su compañía nos despedimos prometiendo hablar después de aquella peregrinación.
Volví a quedarme en un albergue de camino a Lugo planeando la ruta de vuelta.

A la mañana siguiente seguí caminando hasta llegar a la muralla romana que rodea el casco antiguo de la capital provincial y entrar por
Porta Miña o
Puerta del Carmen, una de las diez puertas de la muralla que se mantiene en un gran estado de conservación.
Ya dentro del casco, pude visitar el Museo Provincial y ver su gran colección de relojes de sol al igual que entrar a la Catedral.
Mientras fotografiaba a la fachada del Ayuntamiento me encontré a un peregrino con la vestimenta típica, y le pregunté si me permitía sacarle una foto.
Llegué hasta la Plaza de España de Lugo y de ahí continué hasta la parada de autobuses para poder regresar a casa.